Ley Oñativia. Ciencia nacional y soberanía sanitaria sin pedir permiso
👉Fue un acto de soberanía sanitaria que incomodó a los más poderosos. Y cuando una política pública incomoda tanto a quienes viven de la especulación, es porque está en el camino correcto.
📌 Los enemigos de siempre
La reacción no tardó: el lobby farmacéutico local e internacional la declaró enemigo público número uno. No hablamos de las farmacias de barrio, sino de gigantes como Roche, Bayer, Pfizer, Bagó, Roemmers, que durante décadas fijaron precios en dólares y blindaron patentes para impedir competencia.
👉En la Argentina de hoy, un frasco de insulina cuesta más que una jubilación mínima, y un tratamiento oncológico puede superar los 20 millones de pesos. Mientras tanto, los hospitales públicos se estiran hasta el límite y el PAMI ve crecer mes a mes su gasto en medicamentos, atado a precios que no fija.
📌 La salud como derecho, no como mercancía
El economista Thomas Piketty lo ha dicho con claridad: la concentración de riqueza es la concentración de poder político. En salud, eso significa que cinco o seis laboratorios globales deciden qué se investiga, qué se produce, cuándo se lanza y a qué precio se vende.
Amartya Sen lo explicó desde otro ángulo: sin acceso real a bienes esenciales como la salud, la libertad es una palabra vacía. Sin medicamentos accesibles, el derecho a la salud es pura retórica.
📌 Radicalismo de hechos, no de discursos
El radicalismo de Illia no era un ejercicio de retórica: era una praxis ética que colocaba al Estado como garante de la equidad. Por eso, reponer la Ley Oñativia hoy no sería un gesto simbólico, sino un acto concreto de soberanía y justicia social.
👉Pero en 2025 el problema es doble: precios abusivos y dependencia tecnológica. Si en los 60 el desafío era evitar que el mercado ahogue al enfermo, hoy también lo es evitar que la ciencia argentina quede reducida a un rol de espectadora.
👉Ya no alcanza con reponer la Ley Oñativia tal cual fue. Es momento de crear un Laboratorio Nacional de Producción Pública de Medicamentos y Vacunas “Arturo Oñativia”:
Que produzca, investigue y distribuya medicamentos esenciales a hospitales nacionales, provinciales, municipales y al PAMI. Que abastezca a precio de costo. Y un porcentaje destinado a investigación y equipamiento. Que incomode al lobby farmacéutico y le quite al mercado el poder de decidir quién se cura y quién no.
📌 No es teoría, es experiencia comprobada
👉La producción pública de medicamentos ya funciona en distintos puntos del país y del mundo:
👉El Instituto Malbrán produce vacunas y sueros con calidad internacional. El laboratorio público de Santa Fe abastece antibióticos a precios mucho más bajos que los de mercado.
👉Brasil cuenta con la Fundación Fiocruz, que produce medicamentos y vacunas para su sistema y exporta a decenas de países.
📌 Desarmar el chantaje corporativo
👉El argumento de los privados es siempre el mismo: “Si no hay ganancias, no hay medicamentos”. En realidad dicen: “Si no nos enriquecemos obscenamente, no producimos”.
👉La salud no es un mercado, es un derecho. Y los derechos no se negocian ni en cócteles de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales ni en tratados de libre comercio redactados por corporaciones.
👉Diseño de un laboratorio blindado al lobby
👉El Instituto Nacional de Producción Pública de Medicamentos y Vacunas “Arturo Oñativia” debe:
👉Ser ente público autárquico, con marco legal que impida su privatización sin mayoría calificada del Congreso. Producir a precio de costo más un porcentaje destinado a la reinversión en equipamiento e investigación, medicamentos esenciales: antibióticos, antihipertensivos, antirretrovirales, insulina, vacunas y oncológicos básicos.
👉Contar con sede central certificada GMP y plantas descentralizadas en distintas regiones del país. Desplegar laboratorios móviles para emergencias sanitarias.
👉El financiamiento inicial debe asegurarse por ley: 0,3% del PBI por al menos cinco años, más un Fondo de Innovación Sanitaria con aportes del Estado, regalías por exportación y convenios internacionales.
📌 Alianzas y ciencia nacional
El laboratorio debe articular con: Universidades públicas para investigación y desarrollo. CONICET para biotecnología y producción de insumos. Hospitales de referencia para ensayos clínicos. Laboratorios provinciales para integrar la red nacional. Debe operar con transparencia total (publicación online de costos, volúmenes y precios) y usar licencias obligatorias para producir genéricos cuando esté en juego la salud pública.
📌 El impacto esperado
En cinco años:
• Reducción del 60% en el costo de medicamentos en el sistema público.
• Ahorro del 1,5% del PBI en importaciones evitadas.
• Generación de 5.000 empleos directos y 15.000 indirectos.
• Capacidad de exportar medicamentos a América Latina y África.
Pero el verdadero impacto sería recuperar la soberanía sanitaria y dejar de depender del precio que nos impongan desde un escritorio en Basilea, Nueva York o Buenos Aires.
📌 Política y coraje
La dictadura de Onganía derogó la Ley Oñativia en 1967 porque entendía que era un arma de poder popular. Lo que estaba en juego no era solo una norma sanitaria: era la idea de que el Estado podía decirle “no” a las corporaciones y actuar en defensa del pueblo. Esa idea sigue siendo peligrosa para quienes lucran con la enfermedad.
Illia lo dijo en 1965: “Los derechos del pueblo argentino no se negocian en ninguna mesa chica” . Ese mensaje vale para entonces y para ahora.
📌 El radicalismo que vale
El radicalismo que honramos no es el del acomodo, sino el de Illia: el que gobierna mirando al pueblo y no a las corporaciones. Ser radical hoy es mirar a los ojos a Bayer, Roemmers o Pfizer y decirles: la salud del pueblo argentino no se vende, se garantiza. Porque un país que no produce lo que necesita termina pagando lo que le piden. Y en salud, ese precio es la vida de su gente.
La patria no se construye entregando sus resortes vitales al mercado: se construye cuidando a su gente. Y sin salud, no hay patria.
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